Pepe Xagarós

La actividad ciclista se asienta en un equilibrio inestable. Es decir, el equilibrio es necesario para andar en bicicleta, pero la estabilidad no está nunca plenamente asegurada. Hago esta introducción porque en este inicio de temporada se ha planteado la pregunta de si el ciclismo actual es más o menos arriesgado que unos tiempos atrás.

La interrogante cobró mayor resonancia cuando Jonas Vingegaard, doble ganador del Tour de Francia, se quejó en este comienzo de temporada de la inseguridad que aprecia en algunas carreras, señalando, en particular, a la Vuelta al País Vasco (Itzulia) en la que el año pasado sufrió una muy grave caída.

Denunciaba el danés que las carreteras del itinerario de la ronda vasca en ocasiones, además de ser muy estrechas, presentaban raíces asomando entre las grietas del asfalto.

Limitar el desarrollo de las bicicletas

Otros opinan que con las bicicletas actuales tan ligeras y los enormes desarrollos que montan, se llegan a alcanzar velocidades de vértigo, dejando poco margen de maniobra ante el más mínimo imprevisto que se presente en la carretera o en el seno del pelotón. Algunos apuntan incluso como posible solución el limitar los desarrollos de las bicicletas.

En el ciclismo hay que contar tanto los entrenamientos o las salidas en bicicleta como los días de competición. En el primer caso, cabría aseverar que el ciclismo actual es más seguro que el de años atrás: mejores materiales, mayor respecto del automovilista (lejos de un estado óptimo) al usuario de la bici, legislación más favorable para estos –después de muchos accidentes- y mejor y más amplia red de carreteras que ha permitido descongestionar las vías secundarias de vehículos pesados.

En el ciclismo profesional podría decirse que el grupo que se instala en la élite (pelotón Wordlteam y Proteam) tiene acceso a materiales y métodos de preparación muy similares. A eso se añaden, por lo general, carreteras con el firme en muy buen estado.

El control del pelotón mata el espectáculo

La consecuencia de todo esto es una gran igualdad que suele hacer muy previsibles las carreras, “mata” el espectáculo y diluye el interés de la audiencia. El pelotón se hace fuerte, ejerce un duro control, agrietado en los últimos tiempos con la aparición de Pogacar; pero como excepción que confirma la regla.

Contra eso vienen luchando los organizadores, aportando recorridos inéditos: puertos con pendientes impensables hace unos años, carreteras estrechas y también recorridos totalmente nuevos, que parecen llevar de regreso al pasado, como los que proponen la Strade Bianchi o aquí en España la Jaén, Paraíso Interior, con abundantes kilómetros por pistas de tierra (grava o gravel).

Viendo estos escenarios, me vienen a la memoria recuerdos de la Volta a Galicia en su etapa entre 1984 y 2000 y, especialmente, en la década de los noventa. Eran tiempos en los que muchas carreteras estaban en obras en el interior de Galicia, especialmente en la provincia de Lugo, por lo que era fácil que el itinerario de algunas etapas coincidiese con tramos de asfalto levantados.

Respuestas diferentes en escenarios similares

Pues bien, en aquellos tiempos esta incidencia se anunciaba en las reuniones de directores, en el orden del día, también al empezar la etapa a través de radiovuelta y, finalmente, cuando la carrera se aproximaba al tramo en obras, con mucha insistencia y siempre con el ruego de que se extremasen las precauciones.

Por eso cuando estos días algunos trataban de establecer una comparativa entre los riesgos del ciclismo actual y el del pasado no tan lejano, al tiempo que veía imágenes del pelotón entrando en estampida en los tramos de tierra en las pruebas mencionadas me acordaba en esas estampas de la Volta a Galicia y también de la Vuelta a España (en el Giro ya probamos algún tramo de tierra antes de 2010, pero no como accidente, sino como parte del recorrido).

Por eso la interrogante sobre los peligros del ciclismo actual y el de principios de siglo se me hizo mayor. También es cierto que los distintos modelos que bicicletas actuales, permiter una mejor adaptación al medio.

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