No se puede negar que cuando diseñamos la primera edición de A Gran Bikedada teníamos aún bastante reciente aquel viaje por el Camino de Santiago dando apoyo a los ciclistas del equipo Xacobeo Galicia en diciembre de 2008. Fue una experiencia dura que, a su vez, desprendía un cierto aroma de libertad.

La meta inmóvil en aquellos horizontes despejados que no parecía acercarse nunca, resultaba inquietante y sugerente a la vez.

La salida se hizo desde Valcarlos con la carretera nevada. A la salida de Roncesvalle una peregrina de rasgos asiáticos caminaba sola, diríase que contra los elementos y contra el mundo. Divisamos su figura diminuta en la distancia, cuando remontaba una cuesta y asomaba ya a su cresta, envuelta en la inmensidad de la nada.

Parecía arriesgado iniciar el camino a pie en esas circunstancias. Las amenazas casi no había que adivinarles, se palpaban; pero también entonces, en el gélido ambiente, se percibía una ligera brisa de libertad.

Cuando el sol comenzó a calentar un poco, se elevaron los ánimos. Atravesamos Villaba, el pueblo de Miguel Induráin, y llegados a Pamplona, sin mayores contratiempos, dábamos por descontado que la primera jornada estaba hecha. Y sin embargo, una vez pasada la capital Navarra, la lluvia, el barro y el frío aparecieron de repente, como quien te espera a la vuelta de una esquina para asaltarte.

La etapa era de 93 kilómetros, una especie de Gran Bikedada, y los peores estaban por llegar. Averías, frío y barro. El avance era lento y fatigoso. El frío había entrado en el cuerpo de muchos ciclistas y ya era imposible quitarlo antes de llegar al albergue, donde esperaba una ducha caliente y una sala con una chimenea.

El frío se había adueñado del resto de las estancias del histórico edificio de gruesos muros de piedra, en la actualidad convertido en posada de peregrinos. Nosotros íbamos como tales, alejados de las mayores comodidades que pueden ofrecer los hoteles.

Así que cuando llegó la hora de descansar, extendimos los sacos de dormir sobre las literas y quién más y quien menos tiró de la cremallera hasta arriba dejando sólo un pequeño hueco para que asomase la nariz y poder respirar.

El calvario del alto del Perdón

Para rematar el calvario por aquel gélido páramo, llegó el alto del Perdón. ¡Uy, el alto del Perdón! Las temperaturas en aquellos momentos rondaban los grados bajo cero.

En otras circunstancias, el alto del Perdón sería una tachuela poco relevante para ciclistas profesionales, pero aquel día fue un infierno incluso para ellos.

En esa época del año, cuando el estado de forma está todavía lejos de las mejores prestaciones, en algunos casos resultó muy duro alcanzar la cumbre del montículo, consagrado a los peregrinos, con distintas esculturas que apunta hacia Puente la Reina y, más en la distancia, hacia Santiago de Compostela.

En la cima de este otero de la provincia de Navarra, el viento parecía arrastrar finos y gélidos alfileres de hielo entremezclados, que te picoteaban y te paralizaban. Aquella jornada que terminó en Puente la Reina resultó dantesca.  

Libertad que no todos disfrutan igual

La libertad en estos casos un tanto extremos también está presente, pero te entra a dentelladas. Es como si tuvieses que pagar un precio -recibir una mordedura- por cada bocanada de libertad que recibes y no todo el mundo está preparado para eso.

Se veía en el propio grupo, donde unos parecían encontrarse poco menos que en su salsa, mientras que a otros se les encogía el ánimo.

Triunfo por equipos en Vuelta a España

Era la pretemporada de 2009. En ese año el Xacobeo Galicia conquistó el prestigioso premio por equipos en la Vuelta a España, siendo el primer grupo deportivo de categoría no World Team en conseguir tamaño galardón en una gran vuelta por etapas.

No se dan esos extremos, especialmente, en cuanto a temperaturas, pero A Gran Bikedada también busca una meta clavada en el horizonte lejano, en un camino de ida y vuelta, sobre el que se trata de ir “máis lonxe”.

La Senda da Auga nos proporcionó un camino en el que poder replicar, en cierto modo, la experiencia del Camino… en busca también de un sorbo de libertad

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