La megafonía hacía un rato que había enmudecido, las tareas de desmontaje se habían iniciado y la tarde nubosa precipitaba el crepúsculo anticipadamente sobre la Plaza Pública Vialia.
A Gran Bikedada 2025 podría decirse que había finalizado si no fuese por un detalle: quedaba un pequeño grupo –cinco o seis participantes- por cruzar la línea de llegada, al que se estaba aguardando para proclamar finalmente el cierre de la undécima edición de la prueba.
Paula marca el ritmo
El ritmo del grupo lo marcaba Paula. Todos los demás se ajustaban a él para que no se quedase sola, descolgada. Ese temor no lo tenía porque su padre no se despegaba de ella y de cuando en cuando le daba un empujón para ayudarle a subir algún ligero repecho de los pocos que quedaban a hasta meta, porque en el tramo final el terreno se presentaba favorable.
Paula se había propuesto llegar al embalse de Eiras y no rehuyó la dificultad. Pudo elegir el desvío alternativo más llevadero, pero decidió hacerlo pasando primero por Monte Espiño, en Moreira (Soutomaior).
Por delante galopaban Brandan, Alanís y Nacho Casal. Entre medias, Iván Vidal se había marcado el objetivo de ser el mejor en los tramos de aceleración, en los Trace. Y Paula seguía con la idea de llegar al embalse de Eiras, de buscar un pequeño mar interior, de ir “máis lonxe”.
Le costo alcanzar la cima de Monte Espiño. La subida a este alto le hizo ver la dificultad de su ojetivo: pero eso no la apartó de él.
Así que, con el tiempo justo para tomarse un caldo de Restaurante Besadio en el puesto de vituallamiento de Amoedo, prosiguió su camino hacia las tierras de Fornelos de Montes en un ambiente gris de frío y lluvia, antes de que se cerrase el paso.
Si la ida fue dura, el retorno lo fue más, pero se aferró a su deseo de ir “máis lonxe”. Y con determinación y capacidad de sufrimiento, pudo alcanzar la meta. También encontró en su padre un fiel gregario, que le marcó el ritmo en muchos momentos. La única opción era acabar.

Un detalle menor
Para entonces la megafonía se había apagado. Un detalle menor, en el que Paula no reparó, porque en su interior sonó el himno a la alegría y música de violines. Había logrado el éxito de ir “máis lonxe”.
No se pueden alargar indiscriminadamente los horarios de la prueba, porque son muchas horas del personal en los cruces, el cual, además de velar por la seguridad de los participantes, les permite vivir este tipo de experiencias; pero la participación de Paula Sánchez Calvo ayuda a comprender una parte importante de la esencia de A Gran BIkedada.
Aprovechamos para agradecer al personal de los cruces su extraordinaria labor y a los ciclistas del Club Ciclista Vigués su paciente marcha acompañando al último de los participantes en cada una de las distancias.





